Siempre me interesó la relación entre la realidad y los signos que elegimos para transformarla en discursos que puedan transmitirse de persona a persona y trascender la época. Quizás sea por eso que desde hace muchos años me dedico a la divulgación científica y, en particular, a repensar la manera en que se comunican la ciencia y la salud en los medios, en las plataformas sociales e incluso en la ficción o la publicidad. A partir de estos interrogantes escribí Somos lo que comemos, Más que un cuerpo y El método No Dieta. Luego llegaron Desmuteados, un ensayo pospandémico sobre los cambios en la comunicación, y Barullo, una novela en la que abordo la ansiedad, la enfermedad mental de nuestro tiempo. Siempre me interesó la relación entre la realidad y los signos que elegimos para transformarla en discursos que puedan transmitirse de persona a persona y trascender la época. Quizás sea por eso que desde hace muchos años me dedico a la divulgación científica y, en particular, a repensar la manera en que se comunican la ciencia y la salud en los medios, en las plataformas sociales e incluso en la ficción o la publicidad.